Muy bueno: De las muchas cosas que me han gustado de Malditos Bastardos, si tengo que calificar algo como lo mejor de la película, es la impresionante, divertida y talentosa interpretación de Christoph Waltz en un personaje, Hans Landa, que como villano consigue que le odiemos y le amemos, nos repulse y nos atraiga. Tal es el magnetismo que provoca este personaje a manos del actor que la presencia de Brad Pitt en la película se me antoja mera anécdota. Flipante.

Bueno: Pues, no sé… ¿todo? Malditos Bastardos es una película divertida, entretenida, emocionante y violenta. Pero no se queda en eso. El director parece querer demostrar aquí con su “direction choice” que puede hacer una película “tarantiniana” y ser más mesurado, narrar con un pulso más… ¿tradicional? Puede que esa no sea la palabra perfecta para definirlo, pero Tarantino demuestra una vez más que es un maestro de los diálogos y del pulso narrativo y que no le importa arriesgar su marca en pos de la puesta de escena más favorable a su película. Si tengo que elegir una secuencia en concreto de esta película elijo la secuencia de apertura, sin duda un ejercicio ejemplar de cine, con múltiples referencias cinéfilas y una perfecta exposición de todo los que nos vamos a encontrar en Malditos Bastardos.
Normal: Y digo normal, sobre todo porque eso es lo que es, al menos en una película de este director. Me refiero al carácter episódico de la película. Ya lo hizo de forma similar en anteriores trabajos, sobre todo en Pulp Fiction y Kill Bill y reconozco que, si bien no me molesta, sí me desconcierta en un primer visionado. Creo que es inevitable tener prejuicios ante cualquier película que se va a ver, ya sean buenos o malos y que el nudo de las expectativas se nos va deshaciendo durante la proyección. Ello unido a que, en mayor o menor medida, estamos demasiado acostumbrados a la estructura narrativa estandarizada sobre todo por el cine norteamericano y ello, inevitablemente, influye en lo que, al final, pensamos de la película. Por algún motivo, tenía la sensación de que con Malditos Bastardos se nos iban a contar una serie de acontecimientos de esa manera “estandar” de la que hablaba. No es así y no pasa nada, pero sí me da la sensación de que Quentin Tarantino tenía mucho más que contar, se tuvo que centrar en una serie de historias y que ese estilo de episodios, que de alguna manera le caracteriza, le venía muy bien. Por cierto, me quedé con la misma sensación que cuando veo cinco o seis capítulos seguidos de una serie de televisión: por un lado me quedo encantado y por otro me quedo con ganas de más.
Mal: Hombre, tampoco es que sea una cosa que esté mal, pero ya que se vende como se vende, echo un poco de menos a los bastardos del título. Esperaba más acción, más salvajismo y más humor con ellos. No, eso no es lo que echo de menos, lo que me falta es más metraje con ellos. Eso, eso es.
Muy mal: Me parto de risa con la coletilla esa que se oye de que Tarantino se ha pasado por el forro el rigor histórico. Antes de ver la película el comentario me la traía un poco al pairo, pero después de verla me parece flipante que alguien haya hecho ese comentario en serio y me hace dudar muy mucho de que haya visto la película. Claramente, estamos ante una fantasía, un divertimento en forma de cuento cruel y salvaje, una revenge movie que es, en sí misma, de alguna forma, una venganza. Es un juego de espejos cinematográficos y cinéfilos, una montaña rusa que le hace constantes guiños al espectador y que no disimula todo esto. No por casualidad nos introduce en un cine francés, sentados justo detrás de la plana mayor de las SS y nos obliga a mirar la pantalla que ellos miran, una en la que se proyecta una película muy diferente a la que vemos nosotros. Malditos Bastardos es la película que nunca haría Spielberg porque le faltan cojones y que nunca reconocerá que le ha encantado. ¿Qué rigor ni qué hostias?

Puede que también te interese:









Vuestros comentarios