Muy bueno: Para mi, sin duda, lo mejor de la película son aquellos fragmentos, abundantes por fortuna, en los que no hay diálogo. Los Coen vuelven a demostrar que el cine es una ventana por la que mirar y lo hacen con tal talento que algunos momentos con diálogo me resultaban innecesarios. Lo que nos cuenta la película es una persecución pausada, de ritmo lento en ocasiones, con momentos genialmente anticlimáticos y giros inesperados e inteligentes y esos momentos de planificación, de puro cine, llenos de pequeños detalles, miradas y ocurrencias geniales son los que hacen que esta película sea, no solo diferente a las demás, sino mejor.

Bueno: El inteligente uso de la violencia la cual empieza siendo totalmente explícita y a medida que la trama se va desarrollando se va mostrando más y más sugerida hasta hacerla desaparecer de la pantalla aunque no del subtexto. La maestría de los Coen hace que resulte mucho más perturbador el que no veamos qué es lo que ha pasado ya que, como bien saben ellos, nuestra imaginación es capaz de crear el más atroz de los crímenes, incluso aquellos que sería imposible mostrar en pantalla.
Regular: Javier Bardem construye un personaje complicado con el que soporta gran carga de la película. Es cierto, su interpretación no puede pasar desapercibida pero, ¿es tan espectacular como para no dejar de ganar premios tal como está ocurriendo? Me surge la idea paranoica de que ha llegado el año de Bardem y esta es la película perfecta para introducirlo en la meca del cine. Esperemos que Bardem siga haciendo grandes personajes y no se deje cegar por las brillantes luces de Hollywood, no creo que me gustase verlo en la siguiente película de Roland Emmerich.
Mal: Las inevitables comparaciones con Fargo y el perjuicio de una promoción que provoca unas expectativas que llevan a una sensación de cierta decepción. Nos encontramos ante una buena película, desde luego, pero probablemente no tan grande como se han empeñado en hacernos creer. Creo que es una película que con el tiempo seguramente se convertirá en algo parecido a un clásico o sencillamente pasará a la historia del cine por méritos propios pero he leído últimamente cosas como “Indiscutible obra maestra”, “Clásico instantáneo” o “Lo mejor de la década” que, sinceramente, me parecen exageradas.
Horroroso: No es país para viejos, tal como decía Negra, no es película para viejos. Y no me entiendan mal, el buen cine es lo que es y está a disposición de todo aquel que esté dispuesto a sentarse y a disfrutarlo en su butaca prestando la máxima atención de la que sean capaces de ofrecerle sus sentidos. Pero, y esto es una reflexión muy subjetiva basada solamente en mi experiencia con la película, cuando lo que se vende de No es país para viejos con, por qué no decirlo, cierto chovinísmo, es que uno de nuestros actores es la bomba, pasa lo que pasa. Miren ustedes, a mi también me producía mucha curiosidad ver a Javier Bardem conquistando las Américas, sobre todo esas que suelen mostrarnos los Coen, pero para mi desgracia y la de otros, la sala estaba llena de jubilados ansiosos de sentir orgullo el orgullo patrio. No pasa mucho rato hasta que descubren que esta no es una película al uso y es entonces cuando llegan los bostezos, las quejas, las preguntas y la desesperación de los demás espectadores. Vamos a ver, creo que ni yo ni nadie tiene que decirle a los demás qué películas deberían o no deberían ir a ver, eso sí, en el cine hay que comportarse, hacer uso del respeto y, al parecer, saber cómo se ha de ver una película.

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