El vídeo, a diferencia del DVD que lo único que hizo fue heredar el espacio donde antes se encotraba este, nos acercó el cine a nuestros hogares. Los reproductores de vídeo marcaron un hito en lo referido a confort y ocio en casa y, según dicen, pusieron en peligro la producción cinematográfica de la década de los ochenta. Teníamos tres formatos, dos de los cuales, el mejor y el peor, fueron desterrados por el número dos, el VHS.
Todavía recuerdo el denso olor del ambientador del videoclub y cuando, hoy en día, huelo uno similar me invaden las imágenes de aquellas estanterías cargadas de películas cuyas portadas, la mayoría ilustradas a mano, ya me hacían viajar a mundos fantásticos e increíbles. Las carátulas enormes de plástivo negro, con su característico ¡ñiack! al abrirlas y la curiosidad de mirar la contraportada y ver de qué trataba la película y qué fascinantes fotos llevaría.
La era del vídeo enriqueció nuestro vocabulario con palabras como “Play”, “Warning”, “Eject” y, mi favorita, “Sinopsis”. Con lo fácil que era poner “Argumento” nos plantaban allá en lo alto “Sinopsis”, una palabra que para un niño de diez años, resultaba casi ominosa.
Es difícil olvidar cómo cada día se alquilaban películas (mi padre hasta las anotaba en una lista que ya quisiera recuperar hoy en día) y los fines de semana era la locura total. Era toda una fiesta ir al videoclub después del colegio y alquilar películas para todo el fin de semana. Recuerdo que cada uno podía elegir una y llegábamos a coger hasta seis o siete. Además, lo de socios del videoclub era algo totalmente estricto. Para ser socio tenías que aportar una película al club, con lo cual, te vendía una o te la dejaban en depósito. El caso es que nosotros éramos los dueños de Todos eran espías, película de la que no he encontrado ningún tipo de información en la red. Los créditos eran “las letras”, Clint Eastwood era Clin Estanfor, Silvester Stallone y Al Pacino eran el mismo actor y Chuck Norris y Bruce Lee eran mis héroes. Nunca olvidaré cuando los vi a ambos en El furor del dragón.
Luego estaba lo de grabar. ¿Hay alguien que no alucinase la primera vez que probó que, efectivamente, el vídeo grababa de la tele? Era algo desconocido hasta el momento y la sensación que me produjo al darle al play fue la de un intenso déj vu que se podía usar a mi antojo. Era como viajar en el tiempo.
Ahora, el todopoderoso DVD, con sus extras y su gran calidad de imagen y sonido se pavonea de las gruesas cintas negras. Pero le llegará la hora, eso seguro, por ahí está acechando una cosa que se llama Blue Ray y que lleva escrita una palabra sinónimo de poder: Sony.
¿Qué anécdotas recordáis de los tiempos del vídeo?
Tags: 80s, DVD, El furor del dragón, VídeoPuede que también te interese:





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