He empezado este post hablando de cómo algunas personas idealizan el trabajo en un cine y reconozco que he tenido que guardar la entrada en borrador para otra ocasión, ya que me estaba desviando del tema que quería tratar aquí. No me había dado cuenta, pero este tema, la idealización, da para mucho.

En fin, a lo que iba. La imagen que la mayoría de las personas tiene de las cabinas de cine suele ser de un lugar pequeño, oscuro y lúgubre, donde un operador prepara las películas, trabaja con ellas y las proyecta (espero contaros este proceso algún día). Esta imagen se nos ha transmitido, supongo, a través del propio cine y es lógico ya que guarda un encanto dramático obvio. Digamos que lo que vemos en Cinema Paradiso es cierto, o al menos lo fué hasta que los cines tradicionales empezaron a desaparecer o a modernizarse. Las cabinas eran habitáculos reducidos en los que un operador debía ingeniárselas para trabajar en silencio, de forma incómoda y totalmente solo. No es casualidad que en este sector se encuentre uno de los índices más altos de alcoholismo. Imaginen una jornada completa de trabajo, solo, casi a oscuras, currando hasta bien entrada la noche y con mucho tiempo sin nada que hacer. Al parecer, el alcohol era una forma perfecta para evadirse.
Hoy en día, con la llegada de los multicines, las cosas han cambiado. A pesar de que las nuevas tecnologías nos hacen la vida más fácil, el operador tiene más trabajo que nunca ya que, como es evidente, no es lo mismo lleva una máquina que diez ni hacer tres pases que cinco. Por otro lado, el incremento de salas ha obligado a que las cabinas crezcan, algunas de ellas de forma descomunal, convirtiéndose en verdaderos laberintos llenos de escaleras, recovecos y puertas. A pesar de ello, las cabinas están llenas de luz lo que permite realizar actividades, digamos, más culturales que la ginebra. Los operadores de hoy en día no deberían aburrirse y la lectura, por ejemplo, es dieta habitual en ellos. Además, dependiendo del número de salas, no suelen estar solos.
Les diré que este post surge como excusa para poder mostrarles otro de los entretenimientos a los que se dedican los operadores: la tradición de decorar la cabina con material sobrante. Con ello pretendo que, cuando se metan en una sala, puedan imaginar con mucha más precisión qué es lo que hay encima de ustedes. Así que aquí les dejo algunas imágenes de la cabina que hay en mi trabajo. Que las disfruten tras el salto.
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