Archivo de la Categoría 'Cine'

Iron Man 2, trailer en español

Pues nada, ya está aquí Iron Man 2 y, de nuevo, Tony Stark con su bonito traje de luces dispuesto a darlo todo por sus fans y por su ego. Con dos huevazos, como debe ser. Repite todo el reparto de la primera parte salvo Terrence Howard que es sustituido en su papel de Rhodey -y, por fin, War Machine- por Don Cheadle. Además hay incorporaciones como las de Scarlett Johansson en el papel de Viuda Negra (no la veo yo encajando del todo, oiga) o Mickey Rourke en el de un Whiplash con nombre propio incluido: Ivan Vanko. Por cierto, parece que, felizmente, Nick Fury tendrá mucha más presencia aquí que en esa breve, inesperada y excitante aparición de la primera parte. Por supuesto, con la cara de Samuel L. Jackson.

También repite Jon Favreau en la dirección, cosa de la que me alegro ya que si esta peli me divierte la mitad de lo que lo hizo la primera me daré por satisfecho. La verdad es que el trailer tiene buena pinta. A ver si con suerte, este puro entretenimiento, entretiene.

Via: Tu blog de cine

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Origen, trailer en español

Lo último del caballero oscuro Christopher Nolan, ya tiene nombre. Bueno, en realidad ya lo tenía, Inception, pero ahora lo tiene en nuestro idioma: Origen.

Las pelis de Nolan me molan, valga la rima fácil, y, salvo El truco final -otro ejemplo de cómo pervertir un título en la traducción comercial- suelo sentirme profundamente satisfecho cuando salgo de ver una de sus películas. La primera vez que vi el trailer de Origen (Inception) me dije, “chaval, prepárate para un viaje tipo Memento“. Después me invadió un vértigo de impaciencia al descubrir que la película no se estrenaría hasta el verano, como pronto.

Ahora parece que sí, que llegará este verano pero poco se sabe todavía de su argumento más allá de lo que se destila del trailer. ¿Thriller? ¿Ciencia Ficción? Qué más da. Las imágenes y el planteamiento hipnotizan y saber que esto sale de las retorcidas mentes de los hermanos Nolan nos hace desear que llegue la canícula cuanto antes. Y por favor, señores encargados de la promoción de la película, no me cuenten muchas más cosas de la peli, quisiera descubrirla en una sala de cine.

Vía trailer: Notodotv.com

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Heavy Rain, ¿jugar una peli?

Hace unos días que terminé Heavy Rain el videojuego del que tanto se ha hablado últimamente y que por fin salió a la venta el pasado 25 de febrero. ¿Y porqué se ha hablado tanto de él?, se preguntarán los neófitos. Pues sencillamente porque este juego es el que, hasta el momento, más se ha acercado, en cuanto a recursos, a la experiencia cinematográfica. Puedo ver sus caras de extrañeza y sus miradas burlonas y lo entiendo. Durante los años en los que se ha ido gestando Heavy Rain siempre se ha insistido en que éste iba a ser más una película interactiva que un videojuego, y todos estos años yo me he mantenido en una posición a medio camino entre la prudencia y el escepticismo. Como buen amante del cine, o mejor, como consumidor compulsivo de películas no puedo evitar pensar que se me está intentando vender humo. Para colmo de males me encantan los videojuegos y, amigos, no creo que sea nada fácil crear un producto que me satisfaga plenamente en ambas aficiones.

Heavy Rain, como digo, se ha concebido como si de una película se tratara. Si no me creen, pueden ver el trailer que incluyo en la entrada y que no deja dudas de las claras intenciones de sus desarrolladores. Quantic Dream, la empresa que ha creado el juego, ya intentó hacer algo similar hace unos años con Fahrenheit, una aventura gráfica en la que las decisiones tomadas influían en el desarrollo de la historia que se nos narraba a medida que íbamos avanzando. En Heavy Rain ocurre algo similar. Asumimos el control de cuatro personajes, Ethan Mars, un padre traumatizado y desesperado por encontrar a su hijo desaparecido, Madison Paige, una periodista insomne con intenciones un tanto difusas, Norman Jayden, un agente del FBI adicto a las drogas en busca del Asesino del Origami y mi favorito, Scott Shelby, un orondo y alcohólico investigador privado contratado por las familias de niños asesinados por el criminal mencionado antes. Con ellos trataremos de desenmarañar la historia y encontrar al asesino antes de que el hijo de Mars acabe muerto. Los capítulos se irán desarrollando como secuencias independientes en las que iremos saltando de un personaje a otro tomando decisiones que modificarán la dirección de la historia dependiendo de lo que hagamos. En teoría, la importancia de nuestras decisiones es tal que si uno de los personajes muere la historia seguirá sin él hacia uno de los, según dicen, dieciséis finales posibles.

Interesante, ¿verdad? Pues aún lo es más si añadimos el cuidado trabajo en la creación de los escenarios, variadísimos además, el genial uso de la luz y el detalle en el modelado de los personajes, seguramente el más realista hasta la fecha. Otra de las grandes virtudes del juego es la banda sonora, compuesta por Normand Corbeil y que en conjunción con los demás elementos mencionados acerca la experiencia a películas como El silencio de los corderos o Seven. Palabras mayores, lo sé.

He de decir que descargué la demo del juego con media sonrisa de incredulidad pero al jugarla me di cuenta de que los chicos de Quantic Dream realmente habían creado algo diferente y muy interesante. Esto, entenderéis, puede ser bueno o malo. Y, efectivamente, después de haber jugado todo el juego llego a la conclusión de que entusiasmará a unos y decepcionará a otros. No hay termino medio. He leído muchas críticas del juego y la mayoría de ellas lo alaban a la categoría de obra maestra. Parece que hay un entusiasmo bastante generalizado hacia el resultado final. Yo no opino igual y es que creo que el juego tiene algunos problemas que me confunden, me distancian o sencillamente consiguen que me parta de risa.

Técnicamente, lo primero que me viene a la mente son los glitches, algunos tremendos (aquí unos ejemplos), que hacen que la tan cacareada inmersión del juego se rompa de un plumazo. El sistema de control tampoco ayuda especialmente y para algunos puede ser desesperante. Luego, uf, está el famoso efecto Uncanny Valley. Es tal la pretensión de hacer realistas a los personajes que, al no lograrlo (cosa todavía imposible hoy en día), se produce este efecto de rechazo. A mi me pasaba constantemente. Prometo hacer una entrada más extensa sobre este tema ya que me parece muy interesante.

Pero, amigos, si quieren que les sea sincero, todas estas cuestiones técnicas las podría pasar por alto sin problemas si la historia que me están contando me absorbiese. Sin embargo no me pasa, a mi no. Es verdad que sigues jugando, avanzando en la historia con miedo a las decisiones que tomas no sea que la cagues, tratando de averiguar qué narices está pasando. Es verdad que yo sentía curiosidad pero a medida que me iba acercando al final me daba cuenta de que todas las decisiones, todos los momentos verdaderamente importantes no iban a cambiar nada. Puede que haya dieciséis finales diferentes, pero si mientras juegas te vas percatando de que el juego, o lo que es peor, la historia está llena de trampas, pueden meterle doscientos si quieren, que no te van a convencer. Voy a poner un ejemplo sin spoilers, inventado por mi. Al final de una secuencia tienes que tomar una decisión que hará que recibas o no un email con datos importantes para la investigación. Si la decisión es incorrecta, ¡maldición!, no recibes el email. ¿Y si la decisión sí es la correcta? Bueno, sencillamente y por arte de magia el ordenador se estropea sin que puedas acceder al correo.

Heavy Rain es un juego interesante, lo es, pero considero que no es la maravilla que algunos dicen. Lo jugué y lo disfruté todo lo que pude pero no me hizo sentir asombro, no me aterrorizó y no me mantuvo en tensión. Curiosamente, me tenía en un constante dilema, como a los personajes: ¿jugar o ver una peli? Prefiero una película o un videojuego, cada cosa en su momento.


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Shutter Island, thriller para principiantes

Las promesas que nos hizo el trailer de Shutter Island se han convertido en certezas, pero solo en parte. Y es que aquello que me hizo anotarla en la agenda como “no te la pierdas” se ha mantenido intacto. No hablo de otra cosa que de la atmósfera. Shutter Island es, ciertamente, una película muy cuidada en su ambientación.

La isla, como el personaje que es, resulta del todo inquietante, con esos cielos pesados, esos acantilados de rocas afiladas como el infierno y esa bruma que al diluirse nos muestra el imponente faro y las húmedas paredes de los pabellones del psiquiátrico de alta seguridad. Además, el diseño de producción no se limita a mostrarnos lo terrorífica que puede resultar la naturaleza (fantástico el momento de la tormenta) si no que el interior de los edificios juega con un marcado contraste entre las zonas de confinamiento y las residencias de los médicos. Lujo y sordidez son repartidas de forma equitativa y todo alarido perdido entre los pasillos y celdas tendrá su contrapunto con una melodía sonando en un disco de pizarra en alguna parte en la lujosa mansión del Dr. Cawley. Imágenes como la de los pacientes de aspecto más oscuro cuidando las plantas de un luminoso y colorista jardín os darán una pista de lo que hablo. Estoy seguro de que Shutter Island se podría ver sin sonido y disfrutar de su espectacularidad plástica. Un diez, en serio. Ahora bien…

La historia que se nos narra, como ya adelanto en el título de este post, es para novatos. Si bien, la trama está llena de elementos más que suficientes como para mantenernos atentos a lo que ocurre cualquiera que ya esté curtido en estos temas no puede quitarse de encima el temor a ser engañado y disecciona cada pista pretendiendo saber qué elementos son tramposos y cuales no. Evidentemente, cuando, como espectador, tratamos de resolver un misterio que trasciende la pantalla, algo no va bien. Además, los constantes flashbacks, sueños y delirios con los que la llenan no ayudan en absoluto a centrarnos en la trama sino que nos distraen y rompen el ritmo de una película que ya de por sí sobrepasa las dos horas.

Shutter Island debe ser vista sin prejuicios, intentando pensar lo menos posible, procurando gozar de ella sin miedo a que sea previsible o manida, asistiendo al espectáculo sabiendo que habrá giros y disfrutándolos sin más. Y, amigos, eso puede que se lo perdone a otros, pero no a Scorsesse


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El ritual de ir al cine

Ya desde pequeño mis padres me enseñaron que ir al cine era algo especial. Supongo que ya entonces llevar a los niños a ver una película suponía un esfuerzo económico importante lo que hacía que la elección de las películas que íbamos a ver estuviese perfectamente meditada y limitada, con mucha suerte, a dos al mes. Claro, cuando tu padre te decía “mañana vamos al cine” te pasabas el resto del día con la ilusión en el cuerpo y esa noche dormías soñando con la película que ibas a ver.

Recuerdo perfectamente las colas para comprar la entrada y cómo estas, al contrario que ahora, me resultaban excitantes. Tanta gente para ver una película debía ser garantía de que era buena. Me encantaba ir avanzando poco a poco y llegar al cartel, el cual estudiaba en busca de pistas que me indicasen a qué maravillosos mundos iba a viajar y a qué misteriosos personajes estaba a punto de conocer. Una vez dentro había que elegir un buen sitio si se podía. A diferencia de los modernos multiplex, en mi niñez las entradas no solían estar numeradas y encontrar las butacas perfectas para todos los miembros de la familia era parte de la aventura. Y luego las cortinas. Oh, las cortinas… Cuando empezaban a abrirse lentamente marcaban el inicio del viaje y cuando las luces se apagaban sabías que no había marcha atrás, que debías apechugar con lo que te iban a contar arriesgándote a pasar miedo o pena, risa y emoción o, quién sabe, quizá todo junto. Así, con un bocadillo, unas palomitas o lo que fuera que tuvieras para llevarte a la boca, entrabas en ese mundo a oscuras y lo disfrutabas todo lo que te era humanamente posible porque no sabías cuando sería la próxima vez.

Mis padres nos enseñaron a mi y a mis hermanos que ir al cine era algo extraordinario y que debía hacerse de una forma determinada y con unas normas muy marcadas:

  • -Había que mirar la historia intentando quedase con toda la información posible ya que así lo entenderíamos todo mejor y eso nos haría disfrutar más de la película.
  • -Había que verla guardando silencio ya que cada vez que hablábamos no escuchábamos lo que sucedía en pantalla y podíamos perdernos algún dato importante.
  • -Si había algo que no habíamos entendido y queríamos preguntar a papá, lo debíamos hacer en voz baja para no molestar a los demás ya que era posible que ellos sí lo hubiesen entendido.
  • -Si algo en la trama nos resultaba confuso debíamos ser pacientes y dejar que la propia película nos lo aclarase más tarde. En cualquier caso, si al acabar seguíamos sin entenderlo, ya hablaríamos fuera de la película, otro de los placeres de ir al cine.

Mis padres me enseñaron a tener respeto, no solo hacia los demás espectadores, algo sagrado para mis hermanos y para mí, sino, hacia el cine en general. Ellos contribuyeron muchísimo a que hoy en día el cine signifique lo que significa para mi y a pesar de lo mucho que han cambiado las salas yo intento llevar el ritual de la forma más fiel que puedo, sobre todo en todo aquello que tiene que ver con el respeto. Por eso me apena y me saca de mis casillas que haya tanta gente (no los llamaré espectadores ya que no me parece que exista en ellos ninguna expectación hacia lo que aparece en pantalla) que no lo vea de la misma forma.

Ahora llego del cine. Hemos ido a ver Shutter Island. Hemos durado sentados en la butaca hasta un instante después del título. No voy a entrar en qué ha pasado, simplemente diré que no puedo ver una película que me interesa en esas condiciones. No es por el dinero. No es por manía. Simplemente, no puedo permitirme el lujo de arriesgarme a que una serie de personas que elige una película en función del horario que le viene bien  me fastidie el placer único de ver una película que estoy deseando ver en una sala de cine. Lo siento, pero no. Puede que algunos piensen que soy un exagerado o incluso un loco, pero yo me reafirmo en la idea de que no hay nada peor en la vida que dejar que las cosas especiales que tienes, las cosas que te hacen feliz se diluyan porque sí.. Y para mí, el cine es especial. Muy especial. Y me hace muy feliz.


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