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Shutter Island, thriller para principiantes

Las promesas que nos hizo el trailer de Shutter Island se han convertido en certezas, pero solo en parte. Y es que aquello que me hizo anotarla en la agenda como “no te la pierdas” se ha mantenido intacto. No hablo de otra cosa que de la atmósfera. Shutter Island es, ciertamente, una película muy cuidada en su ambientación.

La isla, como el personaje que es, resulta del todo inquietante, con esos cielos pesados, esos acantilados de rocas afiladas como el infierno y esa bruma que al diluirse nos muestra el imponente faro y las húmedas paredes de los pabellones del psiquiátrico de alta seguridad. Además, el diseño de producción no se limita a mostrarnos lo terrorífica que puede resultar la naturaleza (fantástico el momento de la tormenta) si no que el interior de los edificios juega con un marcado contraste entre las zonas de confinamiento y las residencias de los médicos. Lujo y sordidez son repartidas de forma equitativa y todo alarido perdido entre los pasillos y celdas tendrá su contrapunto con una melodía sonando en un disco de pizarra en alguna parte en la lujosa mansión del Dr. Cawley. Imágenes como la de los pacientes de aspecto más oscuro cuidando las plantas de un luminoso y colorista jardín os darán una pista de lo que hablo. Estoy seguro de que Shutter Island se podría ver sin sonido y disfrutar de su espectacularidad plástica. Un diez, en serio. Ahora bien…

La historia que se nos narra, como ya adelanto en el título de este post, es para novatos. Si bien, la trama está llena de elementos más que suficientes como para mantenernos atentos a lo que ocurre cualquiera que ya esté curtido en estos temas no puede quitarse de encima el temor a ser engañado y disecciona cada pista pretendiendo saber qué elementos son tramposos y cuales no. Evidentemente, cuando, como espectador, tratamos de resolver un misterio que trasciende la pantalla, algo no va bien. Además, los constantes flashbacks, sueños y delirios con los que la llenan no ayudan en absoluto a centrarnos en la trama sino que nos distraen y rompen el ritmo de una película que ya de por sí sobrepasa las dos horas.

Shutter Island debe ser vista sin prejuicios, intentando pensar lo menos posible, procurando gozar de ella sin miedo a que sea previsible o manida, asistiendo al espectáculo sabiendo que habrá giros y disfrutándolos sin más. Y, amigos, eso puede que se lo perdone a otros, pero no a Scorsesse


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El ritual de ir al cine

Ya desde pequeño mis padres me enseñaron que ir al cine era algo especial. Supongo que ya entonces llevar a los niños a ver una película suponía un esfuerzo económico importante lo que hacía que la elección de las películas que íbamos a ver estuviese perfectamente meditada y limitada, con mucha suerte, a dos al mes. Claro, cuando tu padre te decía “mañana vamos al cine” te pasabas el resto del día con la ilusión en el cuerpo y esa noche dormías soñando con la película que ibas a ver.

Recuerdo perfectamente las colas para comprar la entrada y cómo estas, al contrario que ahora, me resultaban excitantes. Tanta gente para ver una película debía ser garantía de que era buena. Me encantaba ir avanzando poco a poco y llegar al cartel, el cual estudiaba en busca de pistas que me indicasen a qué maravillosos mundos iba a viajar y a qué misteriosos personajes estaba a punto de conocer. Una vez dentro había que elegir un buen sitio si se podía. A diferencia de los modernos multiplex, en mi niñez las entradas no solían estar numeradas y encontrar las butacas perfectas para todos los miembros de la familia era parte de la aventura. Y luego las cortinas. Oh, las cortinas… Cuando empezaban a abrirse lentamente marcaban el inicio del viaje y cuando las luces se apagaban sabías que no había marcha atrás, que debías apechugar con lo que te iban a contar arriesgándote a pasar miedo o pena, risa y emoción o, quién sabe, quizá todo junto. Así, con un bocadillo, unas palomitas o lo que fuera que tuvieras para llevarte a la boca, entrabas en ese mundo a oscuras y lo disfrutabas todo lo que te era humanamente posible porque no sabías cuando sería la próxima vez.

Mis padres nos enseñaron a mi y a mis hermanos que ir al cine era algo extraordinario y que debía hacerse de una forma determinada y con unas normas muy marcadas:

  • -Había que mirar la historia intentando quedase con toda la información posible ya que así lo entenderíamos todo mejor y eso nos haría disfrutar más de la película.
  • -Había que verla guardando silencio ya que cada vez que hablábamos no escuchábamos lo que sucedía en pantalla y podíamos perdernos algún dato importante.
  • -Si había algo que no habíamos entendido y queríamos preguntar a papá, lo debíamos hacer en voz baja para no molestar a los demás ya que era posible que ellos sí lo hubiesen entendido.
  • -Si algo en la trama nos resultaba confuso debíamos ser pacientes y dejar que la propia película nos lo aclarase más tarde. En cualquier caso, si al acabar seguíamos sin entenderlo, ya hablaríamos fuera de la película, otro de los placeres de ir al cine.

Mis padres me enseñaron a tener respeto, no solo hacia los demás espectadores, algo sagrado para mis hermanos y para mí, sino, hacia el cine en general. Ellos contribuyeron muchísimo a que hoy en día el cine signifique lo que significa para mi y a pesar de lo mucho que han cambiado las salas yo intento llevar el ritual de la forma más fiel que puedo, sobre todo en todo aquello que tiene que ver con el respeto. Por eso me apena y me saca de mis casillas que haya tanta gente (no los llamaré espectadores ya que no me parece que exista en ellos ninguna expectación hacia lo que aparece en pantalla) que no lo vea de la misma forma.

Ahora llego del cine. Hemos ido a ver Shutter Island. Hemos durado sentados en la butaca hasta un instante después del título. No voy a entrar en qué ha pasado, simplemente diré que no puedo ver una película que me interesa en esas condiciones. No es por el dinero. No es por manía. Simplemente, no puedo permitirme el lujo de arriesgarme a que una serie de personas que elige una película en función del horario que le viene bien  me fastidie el placer único de ver una película que estoy deseando ver en una sala de cine. Lo siento, pero no. Puede que algunos piensen que soy un exagerado o incluso un loco, pero yo me reafirmo en la idea de que no hay nada peor en la vida que dejar que las cosas especiales que tienes, las cosas que te hacen feliz se diluyan porque sí.. Y para mí, el cine es especial. Muy especial. Y me hace muy feliz.


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Cuidado con el cerrojo – Momentos de Protopartículas

Unas entradas hacia abajo os hablaba de Protopartículas, el cortometraje en el que participé este pasado verano y con el que disfruté tanto en su gestación como sigo disfrutando con su resultado final. Bien, pues a raíz de la presentación oficial del cortometraje, hace unas semanas cogí los vídeos que grabó Ruth durante el rodaje e hice una especie de makin’ of sin mucho sentido pero que a modo de recuerdo nostálgico es bastante práctico. Me vais a permitir la confianza de compartirlo con vosotros si no es demasiada molestia. Que lo disfrutéis.


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Karate Kid, nuevo trailer

De verdad, os aseguro que nunca creí que diría esto, pero tras ver el trailer del remake de Karate Kid, protagonizado por Jaden Smith (el hijito de Will Smith) como el kid y Jackie Chan como el nuevo Sr. Miyagi, rebautizado Mr. Han, he sentido la cálida caricia de la esperanza.

Es pronto para emocionarse, claro, pero por lo que se ve en el trailer la modernización de la historia tiene cierto sentido. Ahora la familia se ha ido un poco más lejos que en el original, a Pekín concretamente, y, vaya, aquello está lleno de macarras con los ojos rasgados que, si bien no dan tanta grima como los rubiales norteamericanos de los 80, sí es posible que nos resulten más auténticos y, por ende, más verosímiles. Me gusta el Karate Kid de Ralph Macchio y amo al Sr. Miyagi y aunque creo que perderemos el “dar cera, pulir cera”, confío en que este The Karate Kid sea un remake digno y una peli, como mínimo, que no de vergüenza ajena.

Vía: Comingsoon

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El hombre lobo, una opinión

Mirando hacia atrás me sorprende el muchísimo tiempo que ha pasado desde que hablé en este blog por primera vez de El hombre lobo, el 14 de septiembre de 2007, como pueden comprobar aquí. Leerán en aquella entrada que el estreno de la película estaba previsto para noviembre de 2008 y que yo andaba encantado con que el responsable de los efectos especiales de maquillaje fuese Rick Baker y el guionista Andrew Kevin Walker. Hace bien poco me entusiasmé con la información de que, además de Benicio del Toro y Anthony Hopkins, en el reparto iba a estar Hugo Weaving y que la película iba a estar dirigida por Joe Johnston, responsable de mi adorada Jumanji. Así, una revisitación del clásico de la Hammer con esos ingredientes, por decirlo de alguna manera, no podía fallar.

Pues miren ustedes que, a pesar de todo ello, a mi juicio, falla y lo hace de forma estrepitosa. Las interpretaciones resultan demasiado “intensitas”, casi melodramáticas, el maquillaje del maestro Baker es, en los poco que se ve ya que todo lo relativo a la transformación y las correrías del licántropo son, en su mayoría, efectos generados por ordenador, mediocre y poco imaginativo. La recreación del Londres Victoriano está realizado de una forma tan plana que perjudica seriamente a la atmósfera. De hecho, existen ciertas decisiones de ambientación que a uno le hacen salirse de la película para preguntarse cosas como, “¿pero es que a nadie en esa casa se le ha ocurrido pasar un trapito?”. El guión de Kevin Walker no solo no aporta nada nuevo, cosa que tampoco tendría que ser un problema, sino que resulta falto de ritmo y absolutamente predecible en todo lo que va a ocurrir. Y no hablemos de algún que otro diálogo que me hizo ruborizar de pura vergüenza ajena. La dirección de Jonhston es, como mucho, correcta pero creo que poco equilibrada sobre todo en algunas secuencias de acción y en el uso nada imaginativo de un gore que te abre un camino a la esperanza y que luego se queda en mera anécdota ya que ni impresiona, ni divierte. Incluso la banda sonora de Danny Elfman suena cansada, como si el músico hubiese visto la película y la hubiese dicho “en fin, piensa en la pasta, Dan”.

La peli no me ha gustado, lo reconozco pero ya sabrán ustedes que, como dijo Clint Eastwood, las opiniones son como los culos, todos tenemos uno. No dejen de ir al cine a verla si les apetece y si lo hacen, por favor, pásense por aquí y opinen, opinen, que valoro mucho si criterio me interesa lo que tenga que decir.


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