Señoras y señores, he estado de vacaciones pero ya he vuelto. Se conoce que cuando pillo unos días libres para desconectar desconecto hasta del blog (los blogs, en realidad) y les aseguro que, aunque antes me salía la vena neurótica y empezaba a comerme el tarro con que si la gente se iba a olvidar de mi y rollos de esos, ahora me sienta la mar de bien este descanso de la red.
En fin, hoy que es el primer día que trabajo he decidido hacer una entrada en Antiegos y, a pesar de que hay cosillas de actualidad, no me apetecía mucho repetir alguna de esas noticias que están ya publicadas en todos los demás blogs de cine y seguramente mejor escritas que en este (sí quisiera hacer constar que me he enterado del fallecimiento de Maurice Jarre y me ha dado mucha pena). No, me apetecía empezar con algo ligero y qué mejor que un corto, como a mi me gusta. Además es un corto corto, de tres minutos, y de esos de terror, para ver con las luces apagadas. Me lo recomendó Chema y la verdad es que me ha gustado mucho. Puede que no sea original, puede que la historia sea simple, pero hay que ver como pone los pelillos de la nuca. Aquí se lo dejo, sin más explicaciones, para que lo disfruten todo lo que puedan.
Unos dicen que es publicidad de Samsung, otros que empieza la campaña viral de un nuevo episodio de Half-Life. En definitiva, nadie tiene ni idea de qué puede ser esto. Eso sí, todos coinciden, coincidimos, que el vídeo es una verdadera pasada. ¿Hay mejor ejemplo para ilustrar lo que es un plano subjetivo?
Sí señores, ahora nos ha dado por un podcast, La cabina de Brundle. Bueno, en realidad no es cosa de ahora, hace ya bastantes meses que Ruth y yo lo veníamos rumiando. Hacía mucho tiempo que nos apetecía un proyecto conjunto en el que mezclar el cine y la tele. Pensamos en un blog, en fusionar de alguna manera La tele que me parió y Antiegos, pero lo desechamos enseguida ya que si los blogs funcionaban bien cada uno por su cuenta, para qué meternos en experimentos raros arriesgándonos a aborrecerlos y arrepentirnos. Lo ideal era abandonar el formato texto y meternos en el multimedia. Un videoblog hubiese estado bien, pero era demasiado complicado y ambicioso para lo que queríamos, así que nos decidimos por el podcast.
No sé si al escucharlo dará la sensación de que está más o menos improvisado pero os aseguramos que para nada. Como digo, han sido meses de hablar, de pensar en lo que nos gustaría, de marcar una cierta estructura, etc… Y ya está, ya existe. Reconozco que personalmente me lo he pasado bien y estoy contento. Hemos abierto su propio blog al que os invitamos.
Nuestra pretensión es hacer un programa al mes, centrándonos en un tema en concreto en plan monográfico, y hablar de otras cosas como noticias, actualidad, curiosidades…, vamos, como lo hacemos (ella mucho más que yo) en nuestros blogs. Este es el primer programa y todavía tenemos que mejorar algunos aspectos y no solo del podcast. Iremos incluyendo enlaces en el blog para que podáis descargaros el programa al ordenador, veremos cómo narices hacemos para incluirlo en la Store de Itunes (que ayer casi me vuelvo loco intentándolo) y poco a poco iremos ajustando las tuercas.
Bueno, esperamos que os guste, que no se os haga pesado y que nos comentéis y nos digáis en qué podemos mejorar, qué os gustaría oir y, si cabe, qué os gusta de La cabina de Brundle.
En cierta ocasión, saliendo del cine, me encontré de frente con Rafa, un antiguo compañero de colegio que, ante mi sorpresa, se abalanzó a saludarme con los brazos abiertos y con pasión desproporcionada se interesó por cómo me iba la vida. Mantuvimos una de esas conversaciones en las que uno permanece en silenciosa perplejidad mientras el otro intenta demostrar, de forma quizá demasiado obvia, que ya no somos niños, que hemos crecido y que como adultos hemos madurado tanto que nuestros antiguos profesores quedarían asombrados ante tal estampa. Yo, que me vanaglorio de ser una persona de natural poco rencorosa, decidí no prestar atención al subtexto del monólogo de Rafa y me convencí de que la ecuación que él y yo formábamos en el pasado, esa en la que él daba las collejas y yo las recibía, por fin, se había despejado. Curiosamente, al final de la conversación, Rafa la cagó del todo. ¿Qué película has visto?, me dijo con una complicidad que yo no entendía. Toy Story,¿la has visto?, repliqué emulando su tono. De repente pasó algo, su rostro de adulto recuperó las facciones de un matón de trece años y me dijo, ¿Toy Story? ¿La de dibujitos? Pero si eso es de niños. En ese momento quedó claro que, en realidad, ninguno de los dos había cambiado demasiado y, de alguna manera inexplicable, ese pensamiento me reconfortó.
Up, es la última película de Pixar y nos cuenta la historia de Carl Fredricksen, un hombre de 78 años que un buen día decide atar cientos de globos a su casa y viajar por el cielo hasta las selvas de Sudamérica. No viajará solo ya que Russell, un niño setenta años más jóven que él, se convertirá en su polizón sin proponérselo.
¿Se puede considerar Up una película para niños? Probablemente, Rafa respondería que sí y de alguna manera yo estoy de acuerdo. Pero, ¿es ese un motivo para no ver una película que a todas luces será emocionante, divertida y estimulante?
Rafa, yo no soy nadie para decirte qué es lo que tienes que ver (sobre todo porque me temo que tus collejas me dolerían más hoy en día ), pero sí te diré que si escarbas un poquito por ahí dentro, solo un poco, descubrirás que ese pequeño Rafa sigue ahí y que es capaz de emocionarse exactamente igual que hace veinte años. Otra cosa, no todas las películas de “dibujitos” se hacen para niños y por eso te animo a que veas, por ejemplo, esta, esta, esta, esta, esta o esta, que, además, es española. Y debo reconocer una cosa, Rafa, hace tiempo creía que yo era el pollo raro del corral, al que, a pesar de seguir cumpliendo años, le seguían gustando los dibujos, los tebeos y los videojuegos. Felizmente, hoy me doy cuenta de que lo raro sería renunciar a todo ello.
Picha, polla, cipote, plátano, verga, churra, mango, pistola, trabuco, cimbrel, falo, pito, trompa, nardo, pepino, minga, pijo, tranca o nabo son algunos de los sinónimos de pene que, así de repente, me vienen a la cabeza. Hay muchos más, estoy seguro, y seguro que ustedes, estimados lectores, tienen en la cabeza alguno que falta en esta lista.
Me centraré hoy en un pene concreto, uno al que, dadas sus características, me referiré a partir de ahora como El Frigurón. Por supuesto, hablo del Frigurón del Dr. Manhattan, apéndice masculino que en estos días está teniendo una creciente popularidad gracias al estreno de Watchmen.
Por si algún despistado está leyendo esto, le contaré que Watchmen nos cuenta la historia de un grupo de superhéroes un tanto especiales entre los cuales está el Dr. Manhattan, fruto de un accidente que sufre el Dr. Jon Osterman cuando en un experimento de física nuclear es desintegrado para volver a reintegrarse poco después convertido en el superhombre azul. El Dr. Manhattan posee la habilidad de modificar la materia a nivel subatómico y puede ver el tiempo como un todo simultáneo. Estos poderes hacen que la guerra fría tome un nuevo rumbo ya que los USA tienen de su parte a la que es, probablemente, la mayor arma de defensa y ataque. Ah, y como curiosidad, es verdad, la mayor parte del tiempo el Dr. Manhattan está en bolas, como no podía ser de otra manera. Es una forma perfecta de mostrar su progresiva desconexión con el humano que una vez fue. Su inteligencia superior o su clarividencia convierten sentimientos como el pudor en algo ridículo. El director Zack Snyder luchó con uñas y dientes para que se respetase el desnudo total del personaje y para que se mostrase en pantalla con la misma naturalidad con la que aparece en el cómic. Para mí es algo que tiene mucho mérito pero viendo que no se deja de hablar de ello empiezo a preguntarme hasta qué punto no era otra estrategia más de marketing. “Tengo que admitir con humildad que no tiene nada que ver conmigo” dijo Billy Cudrup, el actor que interpreta a Jon Osterman, en una entrevista cuando por enésima vez se le preguntó por ello.
Todos sabemos que la mojigatería norteamericana puede alcanzar grados de la más inexplicable estupidez y cuando leo cosas como que “el gigante pene azul me hizo sentir incómodo” o que “dadas las proporciones más de uno puede sentirse inferior” me descoyunto de la risa. Me pregunto qué ocurriría realmente si existiese el Dr. Manhattan. Claramente sería una amenaza para cualquier país que no fuese EE.UU pero estoy casi convencido de que a los machotes norteamericanos les daría más miedo El Frigurón que la posibilidad de reventar en un millón de pedazos. Sabiendo esto, Snyder no podía dejar pasar la oportunidad de plantar la semilla de una polémica que finalmente no creo que llegue a tanto.
Una última pregunta para los que se escandalizan por el tamaño del Frigurón (a mi no me parece tan grande, la verdad): ¿si pudieses modificar la materia a tu antojo de qué tamaño te la pondrías tú?
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