Monthly Archive for August, 2006

Hogar, fétido hogar.

Éste septiembre hará dos años que Ruth y yo nos fuimos a vivir al piso que nos compramos. Era una casa de unos cuarenta y tantos años reformada y acogedora. Es un último piso, un tercero, y de una vivienda por planta con las ventajas que ello conlleva. No es muy grande, pero la distribución la hace muy cómoda y accesible. Tiene una cocina enorme y una galería la mar de cuca con espacio suficiente para todo lo que nos hace falta arrinconar. La cocina tiene una ventana que da directamente al patio y, como las viviendas de al lado son plantas bajas, con la luz que entra por ahí y la que nos entra por la galería, siempre está bastante iluminada.

De entre los inconvenientes puedo destacar que el sol golpea paredes y techo durante todo el día y el calor, en verano, es verdaderamente insoportable. Salvo éste y algún otro inconveniente (quién no tenga ninguno que levante el ratón) la vida en nuestro hogar es bastante apacible.
No pedimos más, no necesitamos más. No nos hace falta una casa con vistas al mar o a la montaña. Una vez que te acostumbras a ver los tejados, azoteas y antenas de los otros edificio puedes, perfectamente, aprender a encontrarles esa belleza seca y rancia que, indudablemente, tienen.
Ahora bien, aunque no sea mi intención que desde la ventana de mi cocina se disfrute de una visión idílica, sí me gustaría, al menos, no tener que encontrarme justo antes de prepararme la cena, con lo que, si se fijan, es el verdadero motivo central de la fotografía de arriba y que les muestro aquí abajo. Esto:

No se si es lo que parece, pero parece tanto lo que creo que es que, por narices, debe ser lo que parece. Si es lo que parece no me explico cómo ha llegado hasta ahí, delante de mi casa, pues muchos vendavales no ha hecho hoy.
Ruth tiene la teoría de que, alguien, al que, a partir de ahora nos referiremos como Cerdo de mierda, se ha encontrado… cómo decirlo… en una situación comprometida y, aterrorizado ante la idea de ser descubierto, ha evaluado la situación y ha decidido que, antes de que alguien de su entorno descubra de qué color son sus excrementos, mejor ilustrar con ellos el perfil de los tejados para deleite de todo el vecindario, eso sí, desde el tranquilizador anonimato.
Mi teoría, reconozco que un tanto pillada por los pelos, es que algún ladrón, tras descubrir dónde guardaba sus ahorros Cerdo de mierda, le sustrajo la caja fuerte y, tras apoderarse del botín, huyó por los tejados deshaciéndose de ella.
Lo que más me atormenta es que estamos condenados a ver como eso va envejeciendo y formando parte natural del tejado y de nuestras vidas. Arrrjjjj!!!


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Secundarios abyectos

En una de esas conversación tan frikis en las que, casi siempre, acaban derivando las cenas en donde trabajo, salió un tema que nos mantuvo entretenidos durante los excitantes siguientes 20 minutos de deguste alimentario: Los secundarios abyectos.
Y es que este estereotipo de personaje es uno de los que, desde ahora, entra en la lista de mis favoritos. Detrás de un personaje repugnante que te hace revolverte en la butaca sumido en el odio más profundo y la desesperación insondable por no poder evitar sus actos perversos y maniqueos, debe haber una gran interpretación. Si bien, en el mundo real, no es difícil convertirse en un ser abyecto (conozco a uno –una en realidad- que podría considerarse paradigma), en el mundo de la farándula hay que trabajarse muy bien la construcción del ego escénico para conseguir la náusea y el odio más enfermizo del espectador.
Y es que estos personajes se rigen por una serie de características que los diferencian de cualquier otro: son antipáticos, egocéntricos, toman decisiones equivocadas que perjudican al prota y luego se escudan en una mentira, son maleducados, mental o profesionalmente incompetentes, en algunos casos son lascivos de la forma más repugnante, tienen morro, se aprovechan de lo que saben otros, se creen ocurrentes y se ríen de sus propias gracias, …, y tienen la inigualable capacidad de ponernos en tensión hasta límites por nosotros insospechados.
Ahora bien, si hay algo que los hace definitivamente grandes es el hecho de que, al final, inevitablemente acaban pagando caras sus fechorías, forzando la distesión y, curiosamente, provocándonos una sensación de morbosa tristeza que nos hace pensar que todo aquello no era para tanto. Eso y que suelen tener barba.
Cribando en mi memoria cinéfaga he dado con el podio de honor de los, para mí, más grandes y abyectos personajes secundarios. Curiosamente los tres están sacados de películas de los 80 y pertenecen a tres géneros diferentes.

3º puesto.
Película: La jungla de cristal.
Personaje: Harry Ellis (Hart Bochner)
Fechorías: Este tío trabaja en la misma empresa que la mujer del protagonista. A parte de echarle los tejos, se mete farlopa en la mesa del despacho de ella donde es pillado de forma vergonzosa, se regodea de sus habilidades profesionales y casi la obliga a ella, más modesta en apariencia, a hacer lo mismo. Cuestiona absolutamente todas las acciones llevadas por el protagonista consiguiendo que nos irritemos, llegando al summum en la secuencia en la que decide que sus “habilidades” como negociador harán más que las habilidades del protagonista concertando una entrevista con el jefe de los malos. Es en esta secuencia cuando despliega en toda su grandeza las características que le hacen formar parte de esta trinidad. Miente a los buenos y a los malos, manipula, se inventa historias absurdas, hace ver que es amigo del protagonista llamándole Johnny boy, suda considerablemente, muestra ciertos intentos de complicidad con sonrisas falsas y gestos ridículos y lo hace todo de la manera más lamentable mientras le traen una Coca Cola a la que sólo da un sorbo.
Cómo lo paga: Sólo le da tiempo a dar un sorbo al refresco pues, tras su breve pero intensísima intervención en la película, le meten un tiro entre ceja y ceja.

2º puesto
Película: La mosca
Personaje: Stathis Borans (John Getz)
Fechorías: Este es el jefe y antiguo amante de la novia del protagonista. Como el anterior personaje, pone en duda los experimentos del protagonista y lo considera un farsante que lo único que quiere es conseguir fama. Se insinúa constantemente a la chica llegando incluso a colarse en su casa y darse una ducha para que, cuando ella llegue, le encuentre allí. Utiliza la información de la que dispone para publicar un artículo en la revista que edita (creo que no llega a publicarlo) poniendo en peligro todo el trabajo del protagonista. En general mantiene una actitud chulesca, egocéntrica en invasiva con la que demuestra que es el claro antagonista del prota.
Cómo lo paga: Al final cuando Brundle-Mosca trata de fusionar su cuerpo con el de su novia en un desproporcionado alarde de romanticismo Stathis, redimiéndose por completo, trata de impedirlo, pero el protagonista Brundle-Mosca le intercepta y con su vómito corrosivo le sustituye una mano y un pie por sendos muñones humeantes.

1º puesto y ganador.
Película: Los cazafantasmas
Personaje: Walter Peck (William Atherton)
Fechorías: Este es el personaje gilipollas por excelencia. La colección de anormalidades que provoca este energúmeno no tienen nombre. Walter Peck resulta ser un funcionario del medio ambiente que en su infinita sabiduría decide que nuestros simpáticos protagonistas están trabajando con productos contaminantes. Mostrando una clara falta de educación trata de acceder sin permiso a las instalaciones de los cazafantasmas cosa que, sin la famosa “orden de registro” no consigue. Más tarde, ya con esa orden y acompañado de un policía y un técnico electricista, baja al sótano donde nuestros héroes tienen los paneles de contención. Sabemos que si se desconecta hay un claro riesgo y así se lo hacen saber al lerdo este pero él, lejos de cambiar de opinión, trata de convencer al electricista para que desconecte a lo que éste se niega. Después dice al policía que detenga a uno de los protagonistas a lo que este le dice que sabe como hacer su trabajo. Tras este cúmulo de muestras de poca autoridad se desconecta la máquina provocando, como sabéis, el caos en la ciudad.
Poco después, en el despacho del alcalde, vuelve a aparecer profiriendo insultos y acusaciones contra los héroes siendo él el único responsable de lo ocurrido. Trata incluso de agredir a uno de ellos. Al final acabará con dos palmos de narices dejando claro que es un total incompetente.
Cómo lo paga: Al final de la película y una vez que se ha destruido al muñequito de los mashmallows le caerá encima una mogollón de ectoplasma blanco como la leche dejándonos con esa imagen a cámara lenta coronada por los gritos de frustración del mohino.

Por favor, si alguien se acuerda de algún otro secundario abyecto, estaré encantado de recuperarlo.


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Trailer: La joven del agua

El próximo 25 de agosto se estrena en España la nueva película del director (actor) y guionista M. Night ShyamalanLa joven del agua”. Tras el estupendo teaser trailer nos llega ahora el trailer oficial en el que se nos muestra más del argumento y se nos enseñan más imágenes de la película.

Para el que no lo sepa, la película trata sobre cómo el técnico de mantenimiento Cleveland Heep (Paul Giamatti) ve como su vida cambia de rumbo al encontrarse en la piscina de la urbanización donde trabaja una especie de ninfa acuática (Bryce Dallas Howard) que es acosada por unos monstruos horribles que le impiden volver a su mundo.

No se puede construir una historia sobre la base de un final inesperado

Tras visionar aquel primer teaser la sensación que me dejó fue de una agradable dulzura de cuento de hadas y, ahora, al ver el ya más largo trailer oficial no puedo dejar de sentir miedo ante la más que posible punzada de la decepción. Toda esa procesión de siluetas monstruosas, de sombras que se escabullen, de personajes de lo más cotidiano expuestos a situaciones fantásticas,…, me provocan cierta sensación de déj vù. Y es que, al parecer, Shyamalan es esclavo de sus obsesiones y sus filias (p. Ej. Todas sus películas duran 107 min.) y si bien en “El sexto sentido” (probablemente la última gran película de miedo) funcionaron a la perfección no fue así en las posteriores. No se puede construir una historia sobre la base de un final inesperado y sorprendente pues entonces la magia que se pretende no funciona. Pero, como digo, Shyamalan hizo “El sexto sentido” y eso me basta para concederle el márgen de la duda. El día 25 hablamos.

Web oficial de la película


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